miércoles, 23 de febrero de 2011

LA REVUELTA ARABE Y LOS ESPEJOS

Interesantísima visión de la influencia de Internet en la revuelta árabe: no sólo porque ellos ven cómo se vive en Occidente, y a través de Internet, Al Yazira y Wikileaks, ven lo que de verdad son ellos y lo que roban sus líderes, sino porque también y sobre todo, se saben vistos, observados, valorados, reconocidos, por este Occidente cínico que trataba con sus antiguos dictadores cleptócratas.

Como diciendo: "aquí nos tenéis, occidentales, cínicos, nosotros, los putos moros, aquellos a los que miráis con desprecio por las calles de Madrid o Londres, aquellos a los que creéis incapaces de vivir dignamente y en libertad, como vosotros, y por eso sóis complices de los que nos oprimen, quizá porque no queréis compartir vuestras riquezas ni vuestro espacio vital. Nosotros también tenemos derecho".

En este sentido, el editorial de hoy mismo de El País es durísimo con una Europa a la que lo que más le preocupa en este momento no es alinearse incondicionalmente con los revolucionarios, sino las consecuencias en términos de pateras que se pueden derivar de las revueltas.

Curioso juego de espejos.

El sentirse observados no tiró tanto de la revuelta que produjo la caída del muro. No tiró nada de la transición española.

Desde que leí "El fin de la Historia" de Francis Fukuyama (que se equivocó estrepitosamente, como puede verse), entendí que lo que mueve el mundo es el ansia de reconocimiento.

Y para sentir que se nos reconoce, necesitamos alguien que haga de espejo de nuestros esfuerzos.


ANÁLISIS: Ola de cambio en el mundo islámico - El análisis

Conmoción árabe

Las causas endógenas de la revuelta del mundo árabe (revolución democrática en las intenciones, pero aún no en los resultados) con sus exigencias de libertades, fin de las desigualdades económicas, agitación del integrismo, son de difícil determinación y peor cuantificación; pero las exógenas, los instrumentos con que estas operan y las constataciones que de ellas puedan derivarse, parecen estar algo más claras.
    Respecto a los instrumentos con que han actuado los manifestantes, se ha repetido hasta la saciedad que sin las redes sociales no habría sido posible el grado de comunicación / coordinación alcanzado, pero igual de importante ha sido la proyección por esos mismos medios de una imagen al exterior, que se retroalimentaba por el interés que la revuelta suscitaba en el mundo occidental. De un lado, la Red permitía la emergencia de un nuevo tipo de liderazgo incorpóreo, sin rostro, con el cual sobraban los tribunos arrebatamasas; y de otro, el saberse observada y admirada por el mundo entero, gracias a esa tecnología, daba a la protesta un sentido suplementario de misión. Tahrir ha sido un éxito en parte porque la revuelta sabía que el planeta no la perdía de vista.
    Pero como sustento de todo lo anterior ha jugado también un gran papel la aparición de un medio informativo que sí ha supuesto una revolución en el mundo árabe: Al Yazira. En los primeros años de este siglo, la cadena de televisión radicada en el emirato de Catar ha desplegado una extraordinaria pedagogía democrática, demostrando que era viable un medio de comunicación de masas no enfeudado a intereses parroquiales, inicialmente en lengua árabe y recientemente también en inglés, que por su libertad de acción y profesionalidad ha sido una bomba de relojería; en ese tiempo, Magreb y Machrek se han visto en la pantalla comparados con el resto del mundo y en especial con Occidente, y ese conocimiento es el que, entre otras pulsiones políticas, sociales y económicas, ha estallado en las calles de Túnez y El Cairo, extendiéndose como reguero de pólvora hasta allí donde hubiera una grave protesta por expresar, como en su última manifestación en Trípoli, donde la criminal resistencia del poder libio está causando un baño de sangre. Ese acceso a la información, inédito hasta estos últimos 15 o 20 años, había creado una avalancha de frustración, que se había ido desaguando en la inmigración a Occidente, pero por mucho que funcionara esa válvula reguladora, sobraba en toda la fachada del Mediterráneo sur y en las costas del Golfo materia prima para la revuelta. Por eso, la conmoción egipcia, madre de todas las protestas, solo esperaba su momento, aunque ninguno la hubiéramos previsto.
    En lo tocante a las derivaciones de orden geopolítico, la más obvia es el repliegue del imperio americano. El hard power, o capacidad de infligir daño material de Washington en persecución de objetivos planetarios, puede seguir intacta, pero la dificultad relativa y el costo de ejercerla, su ineficacia en guerras no convencionales -Afganistán, Irak, Pakistán-, así como su desgaste como amenaza latente están próximos a convertirla en lo que Mao llamaba "un tigre de papel". Ese tigre aún puede morder más que nadie, pero no siempre encuentra donde aplicar la dentellada. Y el soft power, o capacidad de atracción del modelo, junto a operaciones complementarias como los subsidios de Washington o el aval ante instituciones internacionales, se mantiene, pero en segundo plano. Por eso, la calle árabe se muestra hoy tan poco sensible a las exhortaciones a la moderación de Occidente, como los sucesores de los gobernantes derrocados a tomarse sus admoniciones para la transición sin demasiada urgencia; y esa limitación del poder duro e insuficiencia del poder blando explican las vacilaciones de Washington a la hora de definir una política. ¿Sabe Occidente si quiere que caiga la dictadura de Gadafi, si no recibe antes garantías de lo que vaya a sucederla?
    El mundo es hoy más multipolar que nunca desde 1948, con la doctrina Truman y el mediocre duopolio americano-soviético, o desde la autofumigación de la URSS. El fenómeno digital subraya que el mundo, precisamente porque cada día es más unitario, también es más confuso. Pero cada día más nos pertenece a todos.

    martes, 8 de febrero de 2011

    EL OLVIDO

    Leo El Correo de hoy con la presentación de "Sortu", la nueva izquierda abertzale. Contundentes declaraciones de rechazo a ETA, hay que reconocerlo.

    Pero  las caras, las mismas: Rufi Etxeberria, Tasio Erkizia, Iñigo Iruin, Joseba Permach...Las mismas caras que pronunciaron palabras terribles hace sólo meses, las mismas caras que recordamos impasibles, carentes de toda compasión, cuando les pedían opinar sobre el último tiro en la nuca.

    Hoy hablo de la izquierda abertzale, no hablo de la violencia del Estado. Ese otro plano merece otra reflexión, pero hoy no toca.

    Estoy leyendo en estos días "Tempestades de acero", obra autobiográfica de Ernst Jünger sobre su experiencia de alférez en el frente en la I Guerra Mundial. Me he preguntado cómo de presente está en la memoria del ciudadano europeo el sufrimiento de la Gran Guerra. Nada o casi nada.

    Algo más presente está - al menos en Alemania - el sufrimiento causado por sus crímenes en la II Guerra Mundial.

    En España, la Guerra Civil española está muy viva aún entre nuestros abuelos, y bastante viva entre nuestros padres.

    Nosotros leemos sobre la I, II Guerras Mundiales y sobre la Guerra Civil como un interesantísimo momento histórico, pero ello no nos causa ningún sentimiento de revivir el sufrimiento pasado.

    Hablo por tanto de un período de 50 años, más allá del cual, un adulto puede recordar sin intenso sufrimiento, una guerra o una violencia sufrida en su infancia o juventud.

    Hay por ello un primer proceso de olvido, de no querer recordar, que en un momento en el tiempo, se seca, y pasa a convertirse en un hecho histórico a interpretar.

    La izquierda abertzale pide, desde la boca de las mismas caras que mostraron ninguna compasión, tras decir "The war is over", que ya, que ahora mismo, que puedan participar en las elecciones, que ya son normales, que aquí no ha pasado nada.

    Creo que lo primero que deben hacer, por inteligencia, es cambiar todas las caras, todas. Que esas personas que he mencionado desaparezcan. De ese modo propiciarán el inicio del engaño que la mente humana tiene en el olvido.

    También deben ser pacientes: detrás de las próximas elecciones, habrá otras, y otras más. Deben cerrarse totalmente las costuras entre ella, EA y Alternatiba, deben fabricar una nueva imagen, un nuevo discurso. Eso no se hace en meses.

    Los demás, debemos ser conscientes de ello. Debemos iniciar el camino del olvido, hasta que lleguemos a ese punto de poder buscar una interpretación común de lo que pasó aquí, como los historiadores, sin revivir por ello el sufrimiento.

    Iñaki de la Maza
    8 de febrero de 2011