Leo El Correo de hoy con la presentación de "Sortu", la nueva izquierda abertzale. Contundentes declaraciones de rechazo a ETA, hay que reconocerlo.
Pero las caras, las mismas: Rufi Etxeberria, Tasio Erkizia, Iñigo Iruin, Joseba Permach...Las mismas caras que pronunciaron palabras terribles hace sólo meses, las mismas caras que recordamos impasibles, carentes de toda compasión, cuando les pedían opinar sobre el último tiro en la nuca.
Hoy hablo de la izquierda abertzale, no hablo de la violencia del Estado. Ese otro plano merece otra reflexión, pero hoy no toca.
Estoy leyendo en estos días "Tempestades de acero", obra autobiográfica de Ernst Jünger sobre su experiencia de alférez en el frente en la I Guerra Mundial. Me he preguntado cómo de presente está en la memoria del ciudadano europeo el sufrimiento de la Gran Guerra. Nada o casi nada.
Algo más presente está - al menos en Alemania - el sufrimiento causado por sus crímenes en la II Guerra Mundial.
En España, la Guerra Civil española está muy viva aún entre nuestros abuelos, y bastante viva entre nuestros padres.
Nosotros leemos sobre la I, II Guerras Mundiales y sobre la Guerra Civil como un interesantísimo momento histórico, pero ello no nos causa ningún sentimiento de revivir el sufrimiento pasado.
Hablo por tanto de un período de 50 años, más allá del cual, un adulto puede recordar sin intenso sufrimiento, una guerra o una violencia sufrida en su infancia o juventud.
Hay por ello un primer proceso de olvido, de no querer recordar, que en un momento en el tiempo, se seca, y pasa a convertirse en un hecho histórico a interpretar.
La izquierda abertzale pide, desde la boca de las mismas caras que mostraron ninguna compasión, tras decir "The war is over", que ya, que ahora mismo, que puedan participar en las elecciones, que ya son normales, que aquí no ha pasado nada.
Creo que lo primero que deben hacer, por inteligencia, es cambiar todas las caras, todas. Que esas personas que he mencionado desaparezcan. De ese modo propiciarán el inicio del engaño que la mente humana tiene en el olvido.
También deben ser pacientes: detrás de las próximas elecciones, habrá otras, y otras más. Deben cerrarse totalmente las costuras entre ella, EA y Alternatiba, deben fabricar una nueva imagen, un nuevo discurso. Eso no se hace en meses.
Los demás, debemos ser conscientes de ello. Debemos iniciar el camino del olvido, hasta que lleguemos a ese punto de poder buscar una interpretación común de lo que pasó aquí, como los historiadores, sin revivir por ello el sufrimiento.
Iñaki de la Maza
8 de febrero de 2011
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